La prevención de enfermedades cardiovasculares se hace necesaria ya que según la OMS, “las enfermedades cardiovasculares son la principal causa de muerte en el mundo. En el año 2008 murieron por esta causa 17,3 millones de personas en el mundo, 7,3 millones se debieron a cardiopatías coronarias y 6,2 millones a los accidentes cerebro-vasculares. De este 17,3 millones de personas, 9,4 millones de muertes anuales son atribuibles a la hipertensión que causa el 51% de las muertes por ACV y el 45% de las muertes por cardiopatía coronaria”.

Las enfermedades cardiovasculares engloban un conjunto de patologías como:

  1. Cardiopatía coronaria isquémica o enfermedades de los vasos coronarios que irrigan el músculo cardiaco.
  2. Enfermedades cerebro-vasculares o de los vasos que irrigan el cerebro.
  3. Cardiopatías orgánicas que generan cuadros de arritmias cardiacas (palpitaciones, bloqueos, etc.) e insuficiencia cardiaca.
  4. Cardiopatías congénitas: las malformaciones cardiacas presentes desde el nacimiento.
  5. Cardiopatía reumática, enfermedad generada por el estreptococo beta hemolítico que lesiona las válvulas cardiacas e inflama el corazón.
  6. Las trombosis venosas profundas de las piernas y embolias pulmonares y cardiacas generadas por desprendimiento de los trombos y su alojamiento en el corazón.

Factores de riesgo

La prevención de enfermedades cardiovasculares comprende una serie de medidas dedicadas a evitar la aparición de los factores de riesgo. Las causas más importantes de éstos son:
  • Mala alimentación, con consumo frecuente de alimentos ricos en sal, colesterol, grasas saturadas y azúcares simples e ingesta escasa de frutas y verduras que contienen los antioxidantes y depurativos  que protegen a nuestro corazón y vasos sanguíneos.
  • Vida sedentaria: la falta de ejercicio físico favorece el depósito de colesterol en nuestros vasos sanguíneos e incrementa la coagulación de la sangre con sus consecutivas trombosis. El ejercicio físico fortalece el músculo cardiaco.
  • Hipertensión arterial. Es el factor de riesgo más frecuente. El incremento continuo de nuestra tensión arterial por encima de 15 mm Hg de máxima y de 9 mm HG de mínima sobrecarga el trabajo de nuestro corazón. Como consecuencia de hipertrofia el músculo cardiaco y se contraen de las arterias coronarias, renales, cerebrales y periféricas.
  • Niveles elevados de colesterol sanguíneos. Las cifras mayores de 250 mg producen aterosclerosis con sus consecutivos cuadros isquémicos por falta de riego.
  • Diabetes. Las cifras mayores de 127 mg de glucosa sanguínea provocan un cuadro de diabetes secundaria que perjudica a nuestros sistemas cardiovascular, renal y ocular. Esta normalmente es consecutiva a la obesidad, a una dieta insana y al sedentarismo.
  • Obesidad. Es fundamental conseguir el peso ideal y el índice de masa corporal correspondientes a nuestra edad, sexo y ocupación.
  • Estrés, que produce espasmos de todos los vasos sanguíneos: coronarios, crebrales, renales, etc. También es causa de palpitaciones y cuadros de hipertensión arterial.
  • Fumar, que mató a 6 millones de personas durante 2012 (OMS). Incrementa la tensión arterial, la frecuencia cardiaca y genera palpitaciones. Es un factor de riesgo de cardiopatía coronaria y de infarto de miocardio.
  • Alcohol, que causó la defunción de 2,5 millones de personas (OMS). Incrementa la tensión arterial, aumenta la actividad cardiaca y debilita la musculatura cardiaca generando incapacidad para bombear la sangre e insuficiencia cardiaca.
  • Insomnio. El hecho de dormir menos de 7 horas diarias y dormir mal generan estrés, hipertensión arterial e incrementan el trabajo cardiaco.
  • Consumo frecuente de medicamentos con efectos adversos cardiovasculares y drogas estimulantes como cocaína, anfetaminas, etc. Algunos casos de intolerancias medicamentosas.

Prioridades de la prevención

Debe mantenerse e intensificarse la estrategia poblacional dirigida a reducir al mínimo el consumo de tabaco, aumentar la actividad física y reforzar los hábitos alimenticios tradicionales de nuestro país y moderar el consumo de alcohol. En esta estrategia poblacional existen grandes grupos (algunos aún por identificar) en los que puede ser deseable realizar actividades específicas dirigidas a ellos por las oportunidades que aún presentan de prevención primordial (niños en general, y mujeres en el caso del consumo de tabaco).
En cuanto a los grupos específicos a los que dirigir la estrategia de alto riesgo son, en orden decreciente de riesgo:
  1. Pacientes con enfermedad arteriosclerótica establecida.
  2. Personas sin diagnóstico de enfermedad arteriosclerótica pero expuestas a un alto riesgo de sufrirla por presentar una combinación de los factores de riesgo (FR) tradicionales (tabaquismo, presión arterial elevada, dislipemia, glucemia elevada o historia familiar de enfermedad coronaria) o alteraciones muy acusadas en alguno de ellos (dislipemias o hipertensión severas o diabetes).
  3. Familiares en primer grado de pacientes que han sufrido manifestaciones clínicas de la enfermedad arteriosclerótica a edad temprana.
  4. Para el resto de los pacientes que entran en contacto con la clínica, este encuentro puede ser utilizado para aprovechar las oportunidades de prevención individuales.
A medida que el riesgo disminuye en estos grupos, el número de individuos afectados en la población (y susceptibles de las intervenciones que se propongan) aumenta, lo que se debe tener en cuenta en el diseño de las recomendaciones.