Ejercicio con cardiopatía: sí, pero con cabeza
Durante décadas, a las personas con enfermedad cardíaca se les recomendaba reposo. Hoy la ciencia demuestra lo contrario: el ejercicio físico adaptado y supervisado mejora la función cardíaca, la capacidad funcional y la calidad de vida en pacientes con cardiopatía.
Los programas de rehabilitación cardíaca, que incluyen ejercicio supervisado, reducen la mortalidad cardiovascular entre un 20% y un 30% en pacientes que han sufrido un infarto o una cirugía cardíaca.
Evaluación previa obligatoria
Antes de iniciar cualquier programa de ejercicio, es imprescindible una evaluación cardiológica completa que incluya un electrocardiograma, un ecocardiograma y una prueba de esfuerzo. Estas pruebas determinan la capacidad funcional y los límites de intensidad seguros.
Dato importante
Nunca inicies un programa de ejercicio por tu cuenta si tienes una cardiopatía diagnosticada. Tu cardiólogo debe prescribir el tipo, la intensidad y la duración adecuados para tu caso concreto.
Actividades recomendadas
Las actividades aeróbicas de intensidad moderada suelen ser las más recomendadas: caminar, nadar, bicicleta estática o elíptica. Se evitan inicialmente los ejercicios isométricos intensos y los deportes con cambios bruscos de ritmo. La progresión debe ser gradual y siempre supervisada.
Señales de alarma durante el ejercicio
Detente inmediatamente y consulta si experimentas dolor torácico, mareos, dificultad respiratoria desproporcionada, palpitaciones irregulares o sudoración fría. Estas señales requieren evaluación médica antes de retomar la actividad.
Con la prescripción adecuada, el ejercicio es una de las mejores medicinas para el corazón enfermo. La clave está en la individualización: lo que vale para una persona puede no valer para otra.



